Pues eso...

Gané dinero por primera vez a la edad de 6 años vendiendo gusanos de seda. Me pagué la carrera mecanografiando para un catedrático. Comencé mi vida laboral descargando cajas en el muelle de carga siendo titulado superior. Llegué a ser Director General de una Business School online, internacional y con más de 50.000 antiguos alumnos. Me formé como directivo haciendo un EMBA, desarrollé mi perfil internacional pasando por la Escuela Diplomática, adquirí destrezas y altísima disciplina como Oficial del Ejercito del Aire, desarrollé mis cualidades comerciales trabajando para tres multinacionales Big Pharma. Entendí la alta política trabajando en Proyectos en Bruselas. Experimenté la internacionalización con proyectos en Marruecos. Afiancé mis capacidades de consultor siendo Director de un Programa de Alta Dirección en una Escuela de Negocios. Disfruté como consultor de innovación y competitividad en el Sector Aeronáutico donde trabajé para OEM, Tier 1 e Industria Auxiliar.He desarrollado durante 5 años un proceso de innovación educativa para el CEU en Andalucia con tres patas: digitalización de la organización, creación del Instituto de Posgrado con programas en todas las modalidades y la Internacionalización de la organización desde la Dirección de Executive Education. He conocido cuatro veces el paro y actualmente me estoy formando en Cambridge Judge Business School ´Digital Transformation Strategies Programme´

A lo largo de estos 25 años me quedo con mi pasión por las personas, con lo que aporta la gente alegre y positiva; Vivo con la paz de una personalidad imbatible. Llevo 19 años de Presidente de la Comunidad de mis Vecinos. Me encanta la comunicación.

jueves, 2 de octubre de 2008

Todo está en lo libros

En 1878 Benito Pérez Galdos escribe "Marianela",
es el relato de la realidad frente a
la imaginación, progreso frente a ignorancia,
caridad frente a justicia social; y lo que
hace que el relato alcance una fama imperecedera
es la conmovedora figura de su
protagonista, Marianela, que, enamorada del
ciego Pablo Penáguilas, prefiere morir antes
de que éste, una vez recuperada la vista,
pueda contemplar su fealdad. En un encantador
fragmento de este relato, Pablo
Penáguilas insiste a Marianela: "todos esos
errores responden a una disposición muy
grande para conocer la verdad, a una facultad
tuya que sería primorosa si estuviera
auxiliada por la razón y la educación… Es
preciso que tu adquieras un don precioso
del que yo estoy privado; es preciso que
aprendas a leer". Todo está en los libros, es
más, lo que no está en los libros no existe.
No hablo de libros de autoayuda, hablo de
esos, que como los árboles al bosque, encierran
la verdad de las bibliotecas. Un paseo
por ese bosque de libros no pueda
ilustrar cómo es el alma emprendedora de
cualquier directivo.
El primer árbol con el que nos encontramos
es el de la escucha atenta y se llama
"Momo" de Michael Ende, en él nos encontramos
a una niña que posee la maravillosa
cualidad de saber escuchar a los
demás y que desea ayudar a la gente a
humanizar sus vidas. Sobre todo cuando los
hombres grises deciden apoderarse de uno
de los bienes más preciados que poseen
las personas: su tiempo, porque el tiempo
es vida y la vida reside en el corazón.
Tras avanzar unos pasos, reconocemos
rápidamente el árbol de la curiosidad que
se llama "los viajeros de la Ilustración" de
Gaspar Gómez de la Serna, a estos viajeros
les gusta investigar, y no pocas veces,
esa curiosidad es la causa de que encuentren
ideas y caigan en otras cosas que na-
Rincón de una biblioteca. Jan Jansz van der Heyden. Museo Thyssen-Bornemisza die hizo antes. Quien aún no ha perdido la
capacidad de sorprenderse es porque
mantiene abierto su entendimiento.
Uno de los árboles de apariencia más robusta
es el de la capacidad de acción y viene
representado por "El conde-duque de Olivares
o la pasión de mandar" de Gregorio
Marañón, que nos presenta ese personaje
que disfruta cuando se encuentra en plena
actividad, que le entusiasma hacer cosas y
además cuanto antes. Hoy como siempre, es
imprescindible el hombre de acción, el que
ve lo que ocurre en su mercado, y antes de
que se mueva la competencia, actúa. Quien
todavía cree en si mismo es aquel que actúa
desde las trincheras del negocio.
Tras un sinuoso camino se eleva el más
espléndido ejemplar que nos ofrece el bosque,
pero que al mismo tiempo se caracteriza
por su fragilidad, es la felicidad, que si
bien, fue Aristóteles quien nos lo dejó escrito
como el fin del hombre sobre la tierra,
es Miguel Delibes en "El camino" quien con
más encanto me lo ha contado: los protagonistas
de la novela Daniel el Mochuelo,
Roque el Moñigo y Germán el Tiñoso concluyen
que algunos, por ambición, pierdan
la parte de la felicidad que Dios les tenía
asignada en un camino más sencillo. La felicidad
-concluyen- no está en realidad, en
lo más alto, en lo más grande, en lo más
apetitoso, en lo más excelso; está en acomodar
nuestros pasos al camino que el
Señor nos ha señalado en la tierra, o dicho
con un lenguaje más mecánico, sólo cuando
haces coincidir tu velocidad de crucero
con la velocidad de crucero a la que te pasa
la vida, eres feliz. A veces nos empeñamos
hasta la fatiga y el hartazgo para llegar a ser
lo que no podemos, y asimismo, nos pasamos
la vida malhumorados y dando coces
porque nuestro entorno no nos permite
llegar donde nosotros queríamos. Por tanto,
la felicidad no está en un acto de posesión,
sino de engarce, armonía y equilibrio
entre uno y su entorno.
Parece que es precipitado llegar a la felicidad
sin antes haber gozado del jardín
de la creatividad, como capacidad de producir
algo nuevo, algo que antes no existía;
pero también, entendida como fecundidad
y capacidad de no impedir la fecundidad
de otros. Esta virtud creativa y
fecunda la podríamos ilustrar con la obra
de García Lorca llamada "Yerma", clásico
del teatro español contemporáneo y que
sintetiza la riqueza del universo lorquiano.
Poesía, música, escenografía y plástica se
conjugan en una misma obra. Es la imagen
de la fecundidad castigada a la esterilidad,
y las frustraciones que trae consigo.
No podemos resolver problemas usando
la misma forma de pensar que utilizamos
cuando los creamos.
Rodeando el jardín de la creatividad, crecen
sin control los arbustos de los fracasos
que tratan de ocultar la firmeza de un hermoso
tronco de árbol del género de la capacidad
de superar los fracasos. Esta capacidad
nos la ilustra la obra del Nobel
William Golding en "El señor de las moscas",
donde una treintena de muchachos,
que a causa de un accidente aéreo del que
son únicos supervivientes, se ven forzados
a organizar su existencia en una isla desierta
sin ayuda de los adultos. Pero para salir
de los fracasos o para superarlos no vale
todo, y menos aún dejando a nadie atrás.
Los exitosos son los que no desesperan
cuando fallan, buscan identificar la causa
de sus errores y quieren aprender las lecciones
y después lo intentan de nuevo con
renovada vitalidad. Esta novela permite
imaginar las posibilidades dramáticas que
encierra el estado de naturaleza y el acto
fundacional de la sociedad, al tiempo que
es también fábula moral acerca de la condición
humana.
Cuando más trastornado estaba por lo
fracasos y cuánto más por mi lucha para
superarlos, encontré un respiro; llegué a
Todo está en los libros, es más, lo
que no está en los libros no
existe. No hablo de libros de
autoayuda, hablo de esos, que
como los árboles al bosque,
encierran la verdad de las
bibliotecas. Un paseo por ese
bosque de libros no pueda ilustrar
cómo es el alma emprendedora
de cualquier directivo.
una estancia llamada l'amore que lo definía
Lorenzo el Magnífico como appetito di
belleza, y que para este recurso se llamará
"Estudios sobre el amor" de José Ortega y
Gasset. Y tu lector amigo, si aún no te has
cansado de mi, me preguntarás ¿Y que tiene
que ver el amor con la empresa?, pues
que el amor es un grado de excelencia y la
excelencia es el modus operandi que se
espera del directivo en todos sus ámbitos: el
enamorado tiene la impresión de que su
vida de conciencia es más rica. Al reducirse
su mundo se concentra más. Lo ideal en
este libro es una intersección entre lo sentimental,
lo ético y lo estético.
Hay un hecho diferencial fundamental
entre el hombre y el animal, y es que el
hombre necesita amar y ser amado. Pero
en este bosque del amor hay especies que
por su atractivo atraen con más intensidad
hacia ese amor: no es otra, que la especie
de la valentía. Para conocer a fondo esta
virtud del directivo disponemos de una hoja
de ruta maravillosa, "Anatomía del miedo,
un tratado sobre la valentía" de Jose Antonio
Marina: de todas las emociones que
amargan el corazón humano, la gran familia
de la angustia, la timidez, la inquietud y el
terror, son las más abundantes. El perspicaz
Hobbes escribió una frase terrible: "el
día que yo nací, mi madre parió dos gemelos:
yo y mi miedo" y para Kierkegaard se
trataba de una "enfermedad mortal". Su
poder no sólo afecta a los individuos, sino
a las sociedades. Uno de los hilos que trenzan
la historia de la humanidad es el continuo
afán por librarse del miedo, una permanente
búsqueda de la seguridad y, recíprocamente,
el impuro deseo de imponerse
a los demás aterrorizándolos. Todo el
mundo conoce la anécdota del mariscal de
Turenne, conocido por su valor. Antes de
entrar en combate, sintiendo que temblaba
de miedo, se dijo: "¿Tiemblas, cuerpo
mío? Pues más temblarías si supieras dónde
te voy a meter". Valiente no es el que no
siente miedo -el impávido o el insensible-,
sino el que no le hace caso, el que es capaz
de cabalgar sobre el tigre. Valor, por
tanto, es mantener la gracia, la soltura, la
ligereza, estando bajo presión.
Cuando has templado tu alma en el bosque
de la valentía se descubre un valle
donde el candor de las flores se mezcla
con la robustez de la montaña poblada por
una especie en extinción, la gravedad. Esta
especie tiene como referencia a "Ascética
meditada" de Salvador Canals y te hace
recorrer un camino donde el ascetismo pasa
a ser el mayor aliado de la responsabilidad,
y asimismo donde someter tu inteligencia a
ese constante y fino trabajo que te hace
entender que, cuanto menos cuenta te
dedicas, por hacerlo al servicio a los demás,
más pura es tu felicidad y la que eres capaz
de transmitir a tu alrededor.
Se me antoja parar este paseo y recordarte
que nos encontramos con la paradoja
de que el fragor de la batalla del día a
día, convierten este bosque en un paisaje
tan inalcanzable como el que tengo colgado
en la pared de mi despacho. Si para
leer uno sólo de estos libros -juguemos con
tiempos medios-, necesito cinco horas y que
soy capaz de sacarlas cada tres meses, será
posible leer cuatro al año. Cuarenta en diez
años. ¡un fracaso! La biblioteca de las diez
personas que más hayan influido en el siglo
XX occidental, te aseguro que se contará
por miles. Carpe diem.
El bosque es tan amplio como tus ganas
en conocerlo, de este modo, te recomendaría
las siguientes especies: "El jugador" de
Dostoyesvsky, "La mitología jurídica de la
modernidad" de Paolo Grossi, "Sobre los
acantilados de mármol" de Ernst Jünger, "La
montaña mágica" de Thomas Mann, "Rebeldes
a la República" de José Luís Murga,
"El elogio de la locura" de Erasmo de Rótterdam
o la "democracia en América" de
Alexis de Tocqueville…etc. Y te digo estos,
con la misma aleatoriedad con la que se te
ofrece un paisaje.
Como decían los clásicos "audere sapere"
¡atrévete a saber!".

1 comentario:

JGA dijo...
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